Cap.07: De como conocí a Selín
Capítulo 7: De la muy curiosa manera en que járrison
conoce a Celine
Pasaron algunos días sin noticias del profesor
Lindsacar. Aproveché para pasarme por la agencia de trabajo temporal
El Currante Feliz de la que era socio honorario, para que me mandaran
a algún lado a echar algunas horillas porque finalmente me habían
echado del curro anterior y estaba a dos velas. Me enviaron a Getafe,
nada menos, a una nave de una distribuidora de gilipolleces inútiles
para regalo. No veas la cantidad de cosas que pueden llegar a
inventar con tal de que el personal no las tenga y nos veamos
obligados a comprarlas. Pillé algunos de esos objetos imposibles
para mi colección de chorradas. Algún día las donaré a un museo,
pero aun no existe el lugar adecuado para ello. Tengo un
muñeco-estuche para guardar dentaduras postizas que al abrirlo toca
la melodía de la célebre canción que dice "las focas van
descalzas, descalzas, descalzas, las focas van descalzas, los focos
también", y un candelabro de tres brazos con salero y pimentero
incorporado que al dar palmadas se agita como si tuviera parkinson.
Bueno, sería interminable la lista de objetos absurdos que tengo
acumulados, es que son muchos años cosechando y ya se sabe, la gente
te regala cosas en cuanto te descuidas, y yo, en lugar de regalarlas
a otro como hace todo el mundo pues me las voy quedando.
Conocí en aquella empresa a un tipo peculiar. Era un
empaquetador veloz como el rayo que no paraba de hablar mientras
curraba. Yo no, si hablo no curro y viceversa, ambas actividades son
para mí totalmente incompatibles. Mi cerebro es mono-tarea, ya que,
salvo honrosas excepciones, hay pocas cosas que pueda hacer
simultáneamente. Cagar y rellenar crucigramas de autodefinidos es
una de esa excepciones, quizá en este caso no precisamente honrosa,
pero en realidad, si uno lo piensa bien, no son dos actividades
simultáneas estrictu sensu, sino más bien alternativas, ya que
rellenas el crucigrama en los descansos entre apretón y apretón,
pero durante la expulsión propiamente dicha te limitas a estrujar el
boli. Tengo oído que así es como funcionan los ordenadores
multitarea. No es que hagan varias cosas al mismo tiempo sino que se
van realizando las tareas una detrás de otra en micro períodos de
tiempo y parece que las hagan a la vez. Ya ves, en el fondo somos
como un ordenador, y eso que de momento ellos no cagan. Bueno, pues
este empaquetador, que dicho sea de paso tenía un paquete digno de
mención de honor cum laude, y que gustaba de exhibirlo mediante el
viejo truco de calzar unos vaqueros elásticos de pitillo tres tallas
por debajo de los límites del sentido común, era adicto a los bares
de top-less. Los conocía todos y mientras curraba nos describía con
verbo fluido las maravillas de cada uno de ellos. Según decía no
había dos pechos de mujer iguales, ni siquiera los de la misma
mujer, lo cual consideraba una de las maravillas de la naturaleza,
porque decía que no hay nada menos natural que la simetría. Había
desarrollado una gran capacidad para catalogarlos por formas,
tamaños, texturas, consistencia, color, proporciones, etc. Alardeaba
con que podría escribir, si se lo propusiera, un tratado de treinta
tomos sobre el tema.
Como notó que me encontraba especialmente melancólico,
que es lo que tiene estar enamorado, que se te nota a la legua, me
dio una preciosa tarjeta de un club llamado "Ubres de leona".
-Para cada persona y cada estado de ánimo hay unos
pechos de mujer adecuados,-me dijo- y aquí encontrarás los que te
alegren esa melancolía de que te tiene trastornado.
-Gracias Paquebote, eres un tío legal.-Lo de paquebote
me salió del alma, pero hizo gracia a la concurrencia y al
interfecto, el cual decidió quedarse con ese mote que le venía como
anillo al dedo.
Así que esa noche me acicalé con un poco más de
dedicación de lo que tenía por costumbre, cosa que no me resultó
difícil dado lo bajo que tenía el listón, y hecho un pincelito me
planté en Lavapiés City con la tarjeta en la mano. No era yo muy
asiduo de este tipo de sitios, no por nada, sino por cuestión de
pelas por un lado y de corte por otro. A mí es que estar así
hablando como si nada con una tía con las tetas al aire me da como
temblores y tartamudeo sin poderlo remediar poniendo en evidencia mi
estado de excitación.
El tugurio de tan bello nombre era un bareto ubicado en
una callejuela muy agradable, con jardineras en el suelo llenas de
ficus de plástico iluminados con fluorescentes verdes. Por las
ventanas del local salía una música celestial a lo Ravi Sancar y un
olor a pachuli que tiraba de espaldas.
Penetré, con perdón por la expresión, en el interior
y con mi afamada timidez me acerqué al mostrador temblando de pies a
cabeza, donde una tía pintada de todos los colores exhibía un par
de importantes razones que se bamboleaban con descaro ante mis ojos
al compás de los restregones que le estaba metiendo al mostrador con
una espontex rosa. Todo olía divinamente a Pronto de Jhonson.
-¿Que te sirvo, resalao?- Fue su mortal disparo en
mitad de mi punto de flotación, el cual, en aquel momento se
encontraba más abajo de mi centro de gravedad. Las rodillas me
flaqueaban y en la confluencia de mis piernas se iniciaba un confuso
rebullir de ruido de sables.
-Esto... perdone, ejem, he venido por un amigo que...,
bueno una Cocacola.
-¿Una Cocacola? ¡Pero mi prínsipe, que esto no es un
Masdonals!-Seseaba con descaro chisporroteándome la cara sin
cortarse un pelo.
-No, ya, pues entonces ¿Una Persi?- Yo cada vez estaba
más corrido, de avergonzado quiero decir, no me malentiendas, y en
cuanto me pongo nervioso se me atora la lengua cosa mala y pronuncio
con el culo.
-¿Una que?
-O mejor ponme un Zup de ésos- Le dije señalando una
botella vacía que había junto a un vaso lleno de burbujeante
líquido transparente con hielos y una rodaja de limón.
-¿Un que ?
-Un Zup, uno como ése.
-Eso es un Seven Up cariño.- A esas alturas yo ya
estaba del color de los tomates salvajes del caribe.
-Yo creía que se llamaba Zup, bueno, como se llame,
póngame uno,
Durante toda la conversación yo había mantenido la
mirada fija en un punto indefinido cercano a la nariz de la mujer
para no mirarle ni a los ojos ni a los pechos y evitar que mi
desasosiego aumentara. La mujer se había dado cuenta y cuando me
sirvió me dijo:
-Aquí tienes corasón. ¿Quieres que te eche un
chorrito de Guait Label? Al Seven Up le viene como anillo al dedo.-
Me dijo acariciando lascivamente la botella del DyC.
-Vale, lo que usted diga.
-¡Pero bueno! ¿que es eso de usted?, ¡Vamos, mírame,
si lo estás deseando! Va incluido en el precio ¿O te crees que las
llevo al aire por gusto?
Yo no sabía ni donde meterme.
-Si, vale, muy bien, ahora se las miro no se preocupe.-
La mujer se fue riendo dándome un respiro porque te lo juro que me
estaba incluso empezando a marear.
Me cepillé el refresco ese que fíjate tú, después
de tantos años me enteré que era el tantas veces nombrado Sevenap,
pero como en la botella pone 7up siempre había creído que el siete
era una zeta mal escrita y pensaba que se llamaba Zup. ¡Joder macho!
La de veces que he pedido un Zup y me contestaban que no tenían. El
caso es que una vez lo había probado en un guateque en el que pillé
cacho y por eso lo pedía en los bares. Si es que como dice el dicho:
No te acostarás sin saber una cosa más.
Mientras me reponía un poco de mi desgraciada entrada
en aquel local de topless y recomponía mal que bien mi maltrecha
autoestima, ya de por sí bastante mermada de origen, sumergí mi
mirada fijamente en el interior del vaso de tubo fingiendo un enorme
interés en los brillitos de los hielos flotantes chocando como
icebergs entre sí mientras. con un movimiento rítmico de la mano
con la que lo sujetaba por el borde, hacía girar el líquido
elemento sin parar, con el consiguiente tintinear cantarín.,
adoptando una postura con la que creía parecerme un poco a Bogart, o
al menos con esa intención lo hacía.
Cuando me hube repuesto un poco levanté los ojos del
vaso dispuesto a parecer una persona normal y de pronto veo enfrente
mismo de mí el más bello torso desnudo de mujer que imaginarse
pueda un ser humano. Un ombligo pequeño, centrado y coquetón en
medio de una barriga musculosa y aterciopelada y dos pechos de cine
con los pezones de un increíble color malva. Era tal la belleza de
aquel cuerpo, tan indescriptible la perfección, que un relámpago
recorrió mi cuerpo de la cabeza a los pies con afectación de
diversos órganos internos, algunos de ellos vitales. Me faltó el
aire, todo me dio vueltas y me desmayé. Te lo juro, perdí el
conocimiento, me caí al suelo...
Desperté en un sillón repolludo al que me habían
debido trasladar por aquello de ayudar al desvalido, y al abrir los
ojos vi de nuevo, en primer plano, aquellos pechos de diosa, y de
nuevo el relámpago hizo aparición y la cabeza se me fue otra vez al
limbo.
Cuando me despertaron por segunda vez se habían debido
de dar cuenta de cual era el motivo de mis desmayos y la mujer-diosa
se había tapado con un mantel de cuadros a modo de mantilla. Lo veía
todo borroso. Me decían cosas cariñosas y me daban una manzanilla
que abrasaba por donde pasaba. Poco a poco recuperé el resuello.
-¿Que pasa primor, parece que te afecta al metabolismo
ver a la Selin?
Selin, ¡Que bello nombre! Fijé mi mirada en ella y al
ver su rostro de nuevo el relámpago recorrió mi cuerpo, esta vez
con una mayor afectación de la parte de la cabeza propiamente dicha.
Era Ella. Por increíble que parezca era Ella, la mujer de la libreta
y de los recuerdos y las fotos de Alexander. La mujer más bella del
universo conocido y por conocer. La mujer de la que me había
enamorado días antes de un solo golpe y para siempre. Y estaba allí,
frente a mí de cuerpo presente. ¿Como no iba a desmayarme de nuevo,
más profundamente si cabe, ya que esta vez la turbación era más
honda?
Durante el desmayo soñé que corría con ella a cámara
lenta por una playa nudista hacia el mar saltando las olas cogidos de
la mano mientras sonaba una alegre canción infantil que decía "los
ríos son rondas de niños, jugando a encontrarse en el mar...las
olas son rondas de niñas, jugando a la tierra abrazar".
Pero de este viaje al cielo, y cuando ya empezaban los
revolcones, me despertaron a hostias visiblemente molestas ya con
tanta tontería, y es que a ver, como decía mi abuela, lo poco gusta
y lo mucho cansa, y al abrir los ojos vi que ya no estaba Ella. ¡Que
mortal desazón! Que diría Luis Eduardo.
-Bueno, amiguito, hala, paga la copa y vete a casa, no
vayas a diñarla aquí y tengamos un problema con los de sanidad, no
por nada, es que tenemos el seguro caducado, ¿Sabes?- Me dijo muy
juiciosamente la mujer que me había servido el Zup.
-Vale, vale- dije sacando la pasta- ¿Cuanto se debe?
-Son quince machacantes, cariño
-¡Joder, que pasada!
-¿Te parece caro? Pues el boca a boca hay que pagarlo
prenda.
-¿Boca a boca?
-Pues sí, el que te ha tenido que hacer la Selin para
salvarte la vida, vida mía.
-Ah, vale, vale, entonces está bien, es que no sabía
nada. Por cierto. ¿Donde está? Necesito verla.
-De eso nada, monada. Paga de una puta vez y vete a
casita a tomarte unas sopitas.
Así que pagué. Cuando salía me dijo a voces.
-¡Y háztelo mirar, pollo, que un día tendrás un
disgusto!
Me senté en un banco que había frente al bar. Tenía
que volver a ver a aquella mujer, a Selín. ¿Sería cierto que me
había hecho el boca a boca? Solo de pensarlo se me iban y se me
venían las vísceras reproductivas y otras aledañas cuyo nombre y
finalidad desconozco por completo pero que haberlas haylas.
Me quedé esperando que saliera. No sabía a que hora
cerraban, pero ya eran las dos, así que pensé, ingenuo de mí, que
no tardaría mucho. Y allí sentado, entre el cansancio crónico que
arrastraba por el trabajo en la distribuidora de pijadillas, la
manzanilla, el Zup con güisqui y el suave efecto hipnótico que me
producía la luz rosada intermitente del fluorescente retorcido que
formaba la frase "Ubres de Leona", no tardé en quedarme
frito como un chanquete churruscado y aceitoso en un cucurucho de
papel de estraza. Soñé con ella sin parar. Ella corría y yo detrás
llamándola. Ella dormía y yo la miraba. Ella sonreía y yo me
desmayaba. Estar enamorado es en cierta medida asfixiante y doloroso.
El amor no es compatible con la felicidad, al menos con esa de
sentarse plácidamente a ver un partido de fútbol en la tele con tu
cervecita y tus aceitunitas y tus patatitas fritas, que era la única
felicidad que hasta entonces me había sido dado experimentar.
No, el amor es como estar subiendo el Everest,
trabajoso, arriesgado. Has de poner los cinco sentidos en él.
Siempre temiendo que en cualquier momento todo se derrumbe y te pille
debajo.
Cuando me desperté amanecía y un vagabundo me estaba
intentando quitar los zapatos. No es que fueran muy buenos, pero no
tenía otros.
-¡Eh, amigo, que esos zapatos son los míos!- le dije
tímidamente.
-Pero usted no los está usando.- contestó cargado de
razón.
-¡Nos ha jodío, porque estoy aquí tumbado, pero en
cuanto me ponga de pie claro que los voy a necesitar! ¡Eso si no los
uso antes para patearle a usted el cogote!
-Pero si son una puta mierda, toda la pies está
agrietada, hasta tienen agujeros- insistió el hombre- alguien de su
categoría no debería llevar unos zapatos tan cutres.
-Sin son cutres como si no a usted le da igual, los
necesito para andar con ellos y punto. ¿No querrá que me vaya
descalzo a casa?
El hombre, que era juicioso, atendió a mis razones y
abandonó su intento, eso sí, refunfuñando un poco con frases como
"desde luego que insolidaria es la gente" y cosas así.
Cuando se alejaba vi que el encima el hijo puta, llevaba puestos unos
zapatos italianos cojonudos, nuevecitos y brillantes como la madre
que los parió. Menudo mundo de locos éste en el que nos ha tocado
vivir
Vi que el bar ya estaba cerrado. Ella había debido
irse mientras yo dormía. Maldije mi torpeza pero me prometí volver
a la noche siguiente y todas las que hiciera falta hasta poder hablar
con ella. Casi que me alegraba de tener más tiempo para preparar
nuestro encuentro, así podría montarme un rollete con el que
impresionarla y esas cosas, porque yo improvisando soy malo de
cojones y meto la pata hasta el corvejón por falta de tiempo para
pensar lo que digo. Prefiero prepararme un guión bien trabajado.
Nunca he concebido las relaciones con las mujeres sino
como una batalla de actuaciones encaminadas a representar el papel
que crees que a la tía le va. Ni por asomo se me habría ocurrido
pensar en la puta vida que a una tía pudiera interesarle lo más
mínimo un tío como yo, por eso me era de todo punto imprescindible
representar algún papel, fingir ser de otra manera de como en
realidad era. Eso de "sé tu mismo" funciona en las
películas ñoñas, pero en la cruda realidad lo que funciona es lo
contrario, ser otro, hacerte pasar por el héroe con el que ellas
sueñan.
Así que me fui para casa dispuesto a pasarme el día
preparándome para volver por la noche y conquistar a mi amada. Pero
como ya te irás percatando, lo que pretendemos hacer no siempre es
posible. Incluso diría yo que casi nunca podemos hacer lo que hemos
planeado, porque el destino, juguetón y jodío, toma las medidas
necesarias para machacarnos los planes.
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