Cap.04: El sumario

 Capítulo 4: 

De las extrañas cosas que ponía en aquel sumario antiguo

Me planté en casa no sin antes hacer acopio en la tienducha de variantes que hay junto a mi portal de aceitunas de Camporreal, patatas fritas y cerveza, todo ello en cantidad suficiente para una noche de trabajo, es decir, hasta el monto total del dinero en metálico, único válido en dicho establecimiento comercial, que portaba en mis desagradecidos bolsillos, cantidad que, muy a mi pesar, no era tampoco gran cosa. No hay nada como ponerte ciego combinando la jugosidad de las aceitunas de Camporreal con el salado crujiente de las patatas y el frescor amargo y ligeramente embriagador de las cervezas, a ser posible botellas de tercio de Mahou, no por nada, sino por rancia tradición que permanece arraigada y fuerte en mi oscuro cerebelo de mosquito.
Si ya de por sí el lenguaje jurídico es incomprensible, encima el de hace más de cien años no te quiero ni contar. Aún así conseguí entender a duras penas algunos trozos de los documentos que fui encontrando. Los informes de la autopsia, el atestado de la policía, las declaraciones de los testigos y esas cosas.
El fallecido había aparecido fiambre en la calle Mayor esquina a la calle Bailén, a las 4 horas de la madrugada del día 12 de abril del año del señor de mil y ochocientos noventa y ocho, en posición decúbito supino, que vete tu a saber qué coño es.
El informe de la autopsia decía que la causa probable de la muerte era una herida inciso-desgarrante de dos centímetros de diámetro y veinte de profundidad en la zona pectoral entre la quinta y sexta costillas izquierdas con perforación del ventrículo derecho del corazón produciendo lesiones incompatibles con la vida, producida seguramente con una estaca de madera afilada de 30 centímetros que a la sazón tenía incrustada en dicho lugar. Un lince el forense.
En cuanto a testigos del hecho solamente se mencionaba a una anciana que vivía en una buhardilla frente al lugar donde apareció el cadáver que afirmaba que a eso de las cuatro de la madrugada oyó ruidos y forcejeos y que alguien decía "¡Toma, chupasangres hijo de puta, así dejaras de penar!"
En otra de las declaraciones, concretamente la de un tabernero cuyo establecimiento lindaba con el lugar de los hechos, se decía que al parecer aquel hombre deambulaba por las noches madrileñas desde hacía unos meses penando por el amor de una cupletista que cantaba en el Teatro Barbieri de Madrid, que era un tipo extraño, extranjero por más señas, y que bebía en exceso, sin poder precisar más detalles. La verdad es que ya debía de beber el tío para que a un tabernero le pareciera excesivo.
Pero lo más curioso lo decía un tal Escolapio Expósito, vagabundo afincado en la zona de la calle Puñoenrostro, el cual afirmaba que el fallecido era un tal Aleksander, sabio inmortal que tenía miles de años y hablaba mil idiomas, y que había conocido personalmente a los maestros griegos Pitágoras, Sócrates, Platón y muchos otros, así como a Galileo, a Leonardo, a Newton y otros que no recuerda, y que seguramente le habrían matado los arqueólogos, los cuales al hombre le daban mucho miedo y hablaba pestes de ellos. Que decía que tenía escondido en algún lugar secreto un sarcófago que le mantenía vivo desde hacía miles de años. Que sólo lo veía por las noches porque solía dormir bajo el arco del Postigo San Martín, igual que él, y que el resto del tiempo no sabe por donde andaría. En el margen de la declaración de este hombre había una nota que decía algo así como "no tener en cuenta, este individuo padece delirium tremens".
Había luego una diligencia investigatoria que finalizaba con la toma de declaración de Augusta Berges, célebre cupletista de origen alemán, también conocida como "La Gusti", la cual afirmaba que conocía al tal Aleksander desde que éste la vio buscarse La Pulga en un cabaret de Zurich, donde montó un escándalo por quererse meter en su camerino al finalizar la función. Que era un hombre mayor, muy culto y educado, pero que cuando bebía, cosa que solía hacer todas las noches, perdía el norte. Que cree que era inglés aunque no puede afirmarlo. Que hace unos meses se vino a España de gira con la compañía a actuar en el Teatro Barbieri de Madrid, y él la siguió y empezó a verlo por el teatro a todas horas rondándola. Acudía a todas las actuaciones, le regalaba flores, intentaba meterse en su camerino. Que ella ya no quería verle porque era un pesado y no tenía posibles, pero él erre que erre. Que los porteros del Cabaret tenían orden de no dejarle pasar. Que Aleksander decía que ella era su Dulcinea, y en más de una ocasión había montado trifulcas por intentar obligar a otras personas a decir que ella era la más bella mujer sobre la faz de la tierra. Que ella tiene muchos admiradores y había provocado riñas con algunos de ellos por rivalizar en conseguir sus favores. Que en una ocasión retó a duelo a un joven estudiante de Astorga, de muy buena familia, porque éste la había regalado un liguero con diamantes. Que el joven no quiso saber nada del asunto y se fue a su tierra. Que el liguero ya no lo tiene porque el padre del joven vino luego a por él hecho un basilisco, acompañado de dos hombres con aspecto amenazador y tuvo que devolverlo. Que era una preciosidad, de color malva y cargadito de diamantes. Que debía de valer una fortuna. Que eso había pasado hacía unos seis meses. Que el tal Aleksander tendría unos sesenta años aunque él decía que tenía muchísimos más. Que en una ocasión le preguntó cuando había nacido y él le dijo riendo que todavía no había nacido. Que estaba bastante loco.
Había luego unas diligencias investigatorias para averiguar la identidad y paradero del joven de Astorga, y tomarle declaración sobre los hechos, realizadas en cumplimiento del exhorto librado al Juzgado de Instrucción de dicha localidad. Se llamaba Humberto Aníbal García del Cerro y López de Urrutia, de familia hacendada propietaria de un importante negocio de importación de cacao de ultramar y elaboración de los afamados chocolates Urrutia. En su declaración afirmaba que Aleksander le había retado a duelo en reiteradas ocasiones por dirimir cual de los dos habría de disfrutar del amor de una bailarina llamada Augusta. Que él no quería batirse y rehusaba, pero el viejo insistía una y otra vez. Que incluso un día se presentó ante la puerta del Cabaret donde bailaba la antedicha con dos floretes y le dijo que le esperaba en el Campo del Moro al anochecer, que si era hombre de honor no faltara a la cita. Que aquélla misma tarde, y temiendo por su vida, cogió el tren en la estación de Príncipe Pío y se volvió a Astorga. Que no ha vuelto por Madrid. Que dejó los estudios sin acabar. Que el liguero se lo habían hecho de encargo en una joyería sita en la Red de San Luis. Que le costó mil doscientos reales. Que el dinero se lo había dado su padre para dejar pagada la pensión para el curso siguiente. Que el liguero lo tendrá la señorita Augusta. Que no le consta que su padre lo recuperara. Que no sabe de donde era el tal Aleksander, que no parecía español. Que era mayor pero no podría precisar que edad tenía.
En fin, aquello era más divertido que un programa de telebasura. Estaba gozando como un enano al ir descubriendo los vericuetos de la historia.
También constaba una declaración del portero del teatro. Decía que el tal Aleksander estuvo acudiendo allí a diario desde hacía unos meses. Que estaba perdidamente enamorado de la señorita Augusta. Que nunca había visto a nadie tan encoñado en su vida, que perdonen por la expresión, que quiere decir atrapado por una mujer, aunque no le extraña porque La Gusti es una mujer de bandera. Que ella le daba calabazas y le esquivaba. Que ese hombre una noche sí y otra también montaba bronca con otros espectadores. Que traía flores a diario. Que charlaban a menudo mientras él esperaba a que saliera La Gusti después de las actuaciones. Que ese hombre decía cosas rarísimas. Que estaba como una regadera, quiero decir loco de remate. Que tenía una libretita roja en la que escribía versos. Que del liguero no sabe nada. Que no sabe donde vivía. Que cree que gorroneando en las casas de los incautos a los que engatusaba hasta que hartos de él le echaban. Que cree que no trabajaba en nada. Que seguramente sería rentista. Que tenía fotos coloreadas en las que se le veía a él con otras personas todos vestidos de antiguos. Seguramente en carnavales. Que decía que cada uno de ellos era un personaje famoso de la antigüedad. Que cree que se lo creía de verdad porque estaba loco. Que tomaba muchas pastillas. Que un día le dijo que había vivido muchos años en un sarcófago como las momias. Que decía muchas tonterías. Que algunos días antes del desgraciado suceso preguntaron por él unos individuos siniestros. Que parecían forenses, enterradores o gente de esa calaña. Que no les conocía ni les ha vuelto a ver. Que eran extranjeros. Que no sabe de dónde.
El juez que había hecho la investigación debía ser de los que trabajaban bien, porque no dejaba un cabo suelto. Había pedido un informe a la Academia de las Ciencias Ocultas sobre vampirismo y sociedades secretas relacionadas con el tema. El informe era cojonudo, escrito con una letra maravillosamente cuidada, con plumilla o pluma de ave y tinta violeta. Decía que existían en Europa no menos de doce sociedades catalogadas como anti-vampíricas por su dedicación a la lucha contra este mal de la humanidad. Que en España no había ninguna radicada pero que se habían detectado actividades de forma esporádica de alguna de ellas. Que tenían censados y documentados centenares de casos de vampiros, muchos de ellos ejecutados mediante el tradicional método de clavarles una estaca en el corazón. Luego se enrollaba explicando las discrepancias que dicha academia mantenía con las teorías de la escuela vampírica de centroeuropa, comúnmente conocida como escuela de Praga, a los que tildaba de gilipollas redomados para arriba, los ponía a caldo. Ya se sabe que los peores enemigos de las asociaciones son los de las asociaciones más cercanas a ellos, de los que aún compartiendo casi íntegramente creencias, fines, medios, etc. les separa solamente un quítame allá esas pajas, con perdón de la expresión.
Terminaba el informe diciendo que había rumores en los ambientes de la lucha anti-vampírica de que algunos miembros de una comisión ejecutiva de la Liga Anti-vampírica Internacional Reconstituida se habían desplazado a Madrid desde centroeuropa siguiendo los pasos de un chupasangres al que llevaban buscando desde hacía un tiempo.
Por lo que se veía, todo parecía conducir al mismo resultado, el asesinato del pobre Aleksander había sido un acto de eliminación llevado a cabo por miembros de una secta que perseguía y ejecutaba vampiros. Al parecer nada tenían que ver con su muerte ni La Gusti, ni el joven de Astorga, ni sus pendencias amorosas.
Había también en el sumario reiterados oficios del juez ordenando al Instituto Anatómico Forense la exhumación del cadáver y el reconocimiento del mismo con el fin de que se le informara si se detectaban en él signos que pudieran determinar la auténtica naturaleza del fallecido a los efectos de establecer si se trataba de un vampiro, pidiendo expresamente informe sobre el tamaño de los caninos superiores, y sobre el contenido del estómago, concretamente para que se analizara si en él se podían detectar restos de sangre humana.
Constaba contestación del citado Instituto en términos de extrañeza ante lo solicitado e informando que el cadáver, al no haber sido reclamado por nadie, había sido entregado para investigaciones científicas y ya no se encontraba disponible para realizar los estudios pedidos, a lo que el juzgado contestaba con nuevos oficios cada vez más conminatorios exigiendo que se recuperaran los restos del difunto, al que ya directamente se refería como vampiro, siendo el último de los oficios el más alucinante. En él decía el juez que era importantísimo para la supervivencia de la especie humana tal como la conocemos el que se lleve a cabo el estudio científico del cuerpo del vampiro, que estas alimañas debían ser perseguidas por todos los medios a nuestro alcance, y amenazaba con incoar procedimiento penal por desobediencia judicial en caso de que se siguieran desoyendo sus requerimientos.
Finalmente había un montón de providencias, diligencias de ordenación y demás zarandajas en las que se decía que se hacía cargo del asunto provisionalmente otro juzgado entretanto se proveyera la plaza que había quedado vacante del juzgado tres que instruía la causa, por baja indefinida del titular del mismo. Parece que había perdido la cabeza con todo aquel asunto, había pedido la excedencia y se había enrolado en la Liga Antivampírica Internacional esa, echándose al monte en su cruzada por salvar al mundo de los vampiros.

Lo primero que hizo el otro juez fue dictar auto de sobreseimiento provisional de las actuaciones y el archivo de las mismas. Y allí se acababa la historia. Ya no se hizo nada más. 

Comentarios